Publicado el 2026-10-10 · Mix Radio

Stephanie Wilson en el laboratorio Destiny de la ISS, el 9 de julio de 2006, durante la misión STS-121. Fotografía de archivo. Crédito: NASA.
Los astronautas flotan en la Estación Espacial Internacional (ISS) porque la nave, sus tripulantes y los objetos de su interior caen juntos alrededor de la Tierra. La gravedad no ha desaparecido: es precisamente la fuerza que mantiene su trayectoria orbital. La diferencia está en que el suelo de la estación también está cayendo y no sostiene sus cuerpos como lo hace el suelo de una casa.
La gravedad sigue allí
A unos 400 kilómetros de altura, la atracción terrestre sigue siendo cercana al 90 % de la que existe en la superficie. La explicación educativa de NASA sobre microgravedad utiliza esa comparación para desmontar una idea habitual: cruzar la frontera del espacio no equivale a escapar de la gravedad.
La estación no está inmóvil sobre un punto del planeta. Avanza lateralmente a gran velocidad mientras la gravedad curva su trayectoria. Así puede caer de manera continua alrededor de la Tierra. Los astronautas y sus pertenencias comparten ese movimiento; una botella que parece suspendida ante una cámara también está recorriendo una órbita.
Caer juntos cambia lo que se siente como peso
El centro Glenn de NASA explica la situación con una manzana: al soltarla dentro de la estación, cae junto con quien la soltó y con la propia nave. Como no se aleja rápidamente hacia un suelo que permanezca fijo, parece flotar. La velocidad orbital es de unos 28.000 kilómetros por hora.
Eso tampoco significa que un objeto pierda su masa. Un equipo voluminoso conserva su materia y su resistencia a cambiar de movimiento. La facilidad para desplazarlo en órbita no lo convierte en algo que pueda detenerse sin esfuerzo. Masa y sensación de peso describen aspectos distintos.
Se habla de microgravedad, o de ingravidez aparente, porque «gravedad cero» sugiere una ausencia que no explica lo que sucede. También pueden obtenerse periodos breves de caída libre en vuelos parabólicos y en instalaciones de caída: no hace falta viajar al espacio para estudiar ese efecto durante unos segundos.
Flotar no elimina los efectos sobre el cuerpo
Vivir meses en estas condiciones sí cambia las exigencias físicas. La información de NASA sobre el cuerpo humano en el espacio describe pérdida de masa muscular y alteraciones en los huesos si no se aplican medidas de alimentación y ejercicio. La adaptación también afecta al equilibrio y a la coordinación.
Por eso las escenas de tripulantes desplazándose entre módulos no cuentan toda la historia: detrás hay rutinas de ejercicio, seguimiento y trabajo científico. La ISS sirve como laboratorio para estudiar condiciones que en Tierra solo pueden mantenerse brevemente. Esa utilidad forma parte del contexto de la transición hacia futuras estaciones comerciales, cuya licitación explicamos anteriormente.
La fotografía que acompaña esta explicación muestra a Stephanie Wilson en el laboratorio Destiny el 9 de julio de 2006, durante STS-121. Es una imagen de archivo, no una escena de una misión actual. El registro original de NASA identifica a la astronauta y el recipiente de bebida que flota a su derecha.

