Publicado el 2026-10-11 · Mix Radio

Ojo del huracán Isabel, 13 de septiembre de 2003, fotografiado desde la Estación Espacial Internacional por NASA / Ed Lu. Recorte 16:9 de la edición de archivo publicada en Wikimedia Commons; no representa una tormenta actual. Fotografía original · Condiciones de uso NASA.
En el ojo de un huracán, el viento puede disminuir y el cielo abrirse mientras alrededor sigue girando una estructura peligrosa. Esa pausa no permite concluir que la tormenta terminó. Para entenderla, hay que separar el centro del anillo de nubes y vientos que lo rodea.
El centro y su pared son zonas diferentes
La descripción de la estructura de un ciclón de NOAA distingue el ojo, la pared del ojo y las bandas de lluvia. En la pared se concentran algunos de los vientos más intensos y grandes nubes de tormenta. El centro puede presentar condiciones mucho más tranquilas que ese anillo.
Si el ojo pasa por un lugar, la reducción del viento puede ser temporal. Al llegar el otro lado de la pared, las condiciones peligrosas pueden regresar y el viento cambiar de dirección. Por eso la apariencia del cielo en el centro no equivale a una autorización para abandonar un refugio: las instrucciones de las autoridades locales siguen siendo la referencia.
Por qué puede despejarse el centro
El laboratorio de investigación de huracanes de NOAA explica que parte del aire desciende dentro del ojo. Al comprimirse y calentarse, disminuye su humedad relativa, lo que favorece la evaporación de nubes. Eso ayuda a explicar el contraste entre un centro relativamente despejado y la pared nubosa que lo rodea.
La formación y el mantenimiento del ojo no se reducen, sin embargo, a una sola explicación mecánica sencilla. La propia documentación científica señala preguntas que siguen estudiándose. Una fotografía permite ver la estructura, pero no reconstruir por sí sola todos los procesos de la tormenta.
La imagen espectacular no mide todos los riesgos
El centro de investigación atmosférica NCAR ha explicado la importancia de considerar el tamaño del ciclón al evaluar su potencial de daño. La fuerza del viento es una variable esencial, pero no resume la extensión del fenómeno ni sus otros efectos.
Una imagen del ojo desde el espacio tampoco informa, por sí sola, sobre inundaciones, condiciones del mar o daños en tierra. Para una situación real hacen falta los avisos y mapas oficiales del área afectada.
La fotografía de NASA / Ed Lu muestra el huracán Isabel desde la Estación Espacial Internacional el 13 de septiembre de 2003. Es un ejemplo de archivo para explicar esa estructura; este artículo no anuncia un huracán nuevo ni una alerta vigente.

