Publicado el 2026-10-12 · Mix Radio

Vegetación del parque Kowloon Tsai, en Hong Kong, el 6 de agosto de 2013. Foto de archivo: Wilfredor / Wikimedia Commons · CC0.
La vegetación urbana mostró una mayor capacidad de recuperación que la de su entorno rural en el 78% de las 751 ciudades analizadas por un equipo internacional. El trabajo, publicado en PNAS el 5 de octubre y difundido por la Universidad de Hong Kong, utiliza observaciones satelitales de 2001 a 2022 en 109 países.
El resultado cuestiona una lectura demasiado simple de la ciudad como un lugar donde toda vegetación responde peor al estrés climático. Tampoco convierte a las ciudades en mejores ecosistemas por definición: mide el comportamiento de la vegetación observada, no todos los componentes de la biodiversidad.
Perder menos verde y recuperarlo antes son cosas distintas
Los investigadores distinguen dos respuestas. La resistencia describe cuánto se deteriora la vegetación durante una perturbación; la recuperación indica cómo vuelve después. En el 32% de las ciudades encontraron una ventaja doble: la vegetación urbana perdía menos verdor y se recuperaba con mayor rapidez que la rural circundante.
La diferencia entre ambos entornos se amplió durante las dos décadas estudiadas. Según el artículo, ese cambio se explica principalmente por un empeoramiento de la recuperación rural, mientras la urbana se mantuvo relativamente estable o mejoró ligeramente. La ventaja fue especialmente marcada en regiones áridas.
El papel del agua no es una prueba causal
La presentación de la Universidad de Hong Kong relaciona los resultados con factores de gestión y estructura de la vegetación. Una medida indirecta vinculada al aporte de agua fue la asociación más fuerte entre las examinadas, seguida de la estructura del dosel, la cubierta que forman las copas.
Eso no demuestra que regar, por sí solo, haya causado la ventaja. La Universidad de Bangor, participante en el trabajo, subraya esa limitación. El estudio es observacional y no un experimento que asigne riego a unos parques y lo retire a otros.
Para la planificación urbana, el hallazgo abre una pregunta concreta: cómo mantener espacios verdes capaces de soportar perturbaciones sin un consumo de agua insostenible. Las conclusiones apuntan a una gestión sostenible y equitativa; no justifican urbanizar espacios naturales ni asumir que cualquier jardín irrigado protege toda su biodiversidad.

