Publicado el 2026-08-26 · Mix Radio

Un cohete preparado para lanzamiento nocturno. Foto: Mix Radio.
La basura espacial y huella ambiental de la nueva carrera por satélites, cohetes reutilizables y misiones lunares vuelve a estar bajo la lupa este 26 de agosto, con datos que muestran una órbita cada vez más cargada y una Tierra que también paga parte del costo.
Un reporte de EFE recoge el impacto de restos de un Falcon 9 de SpaceX en la Luna el pasado 5 de agosto como ejemplo reciente de un problema mayor: cada misión necesita pensar no solo en el lanzamiento, sino también en qué ocurre con sus piezas al final del viaje.
La NASA estima que hay más de 25.000 objetos de más de 10 centímetros orbitando la Tierra. Si se cuentan fragmentos más pequeños, las cifras suben a millones, con partículas que viajan a velocidades capaces de dañar satélites operativos o complicar futuras misiones.
La Agencia Espacial Europea actualizó en julio sus estadísticas y calcula que la masa total de objetos espaciales en órbita supera ya las 17.000 toneladas. El problema no es solo lo que queda arriba: cuando satélites y etapas de cohetes reentran en la atmósfera, se desintegran y liberan materiales cuyo efecto a largo plazo todavía se estudia.
Investigaciones publicadas este año en revistas científicas advierten que la entrada de metales procedentes de satélites y cohetes puede alterar capas altas de la atmósfera. No significa que haya una emergencia inmediata para la vida diaria, pero sí un aviso serio para una industria que crece mucho más rápido que las reglas internacionales.
La exploración espacial trae avances, comunicaciones y ciencia. El reto ahora es evitar que el entusiasmo por llegar más lejos deje una cuenta ambiental difícil de pagar, tanto en la órbita terrestre como en la Luna.

